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medio millón de trabajadores esenciales alimentando nuestras comunidades.

En todo California, 550,000 trabajadores de comida rápida atienden a más de 10 millones de clientes todos los días. Estos trabajadores de primera línea son predominantemente mujeres, afroamericanos y latinos. Muchos de ellos son madres y padres solteros que intentan mantener a sus familias, pero ganan menos de $ 28,000 al año en promedio y regularmente se les niegan los beneficios como tiempo pagado para cubrir enfermedades. Todos los trabajadores merecen ser tratados de manera justa en cualquier circunstancia, pero durante una pandemia mundial, esta violación de los derechos básicos de los trabajadores es simplemente una vergüenza.

AL FRENTE DURANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19

La crisis ha resaltado lo que ya sabíamos que era cierto desde el principio: que los trabajadores de la industria de comida rápida son esenciales, pero los tratan como si fueran prescindibles. A medida que las órdenes de confinamiento en casa entraron en vigencia en todo el estado, los trabajadores de comida rápida permanecieron en la primera línea para mantener alimentadas a nuestras comunidades, incluso cuando esto los puso en riesgo de contraer COVID-19. En el punto mas crucial de la pandemia, se ha presionado a los trabajadores para que trabajen mientras están enfermos, se les ha despedido por pedir no ir a trabajar cuando se han enfermado, se les ha prohibido la paga por enfermedad a la que tienen derecho legalmente y se les ha negado el equipo de protección personal que les prometieron sus empleadores.

Con demasiada frecuencia, se ha olvidado a los trabajadores de la comida rápida en las historias sobre trabajadores esenciales y han sido tratados como si no importaran por las cadenas y franquicias para las que trabajan. Les han dado pañales para perros para que los usen como máscaras y se les ha expuesto a los ataques diarios de insultos raciales, simplemente por tratar de protegerse a sí mismos, a sus compañeros de trabajo y a sus comunidades.

EL RACISMO Y LA BIGOTRÍA SE PROPAGAN EN LA INDUSTRIA DE LA ALIMENTACIÓN RÁPIDA

Los empleadores de comida rápida someten habitualmente a sus trabajadores de primera línea al racismo, la intolerancia y la discriminación. La fuerza laboral de la comida rápida es predominantemente gente de color, pero los insultos raciales son algo común. Y la discriminación no se detiene con los trabajadores. Los propietarios de franquicias de McDonald’s han presentado demandas contra la corporación alegando que la “discriminación racial sistemática y encubierta” ha mantenido a los propietarios de franquicia afroamericanos en un estándar diferente y les ha ofrecido “menos oportunidades de crecimiento” que sus contrapartes caucásicas.

levantarse y alzar la voz

Durante casi una década, los trabajadores de la comida rápida han luchado por un salario mínimo de $15 y un sindicato. En una industria plagada de robos de salarios, racismo, acoso sexual y violencia en el lugar de trabajo, donde si uno se enferma, es motivo de represalias y alzar la voz puede hacer que te despidan; estos trabajadores han tenido las agallas para hablar, organizarse y luchar por el cambio.

Han presentado decenas de quejas ante los departamentos de salud del condado y Cal/ OSHA y se han declarado en huelga en más de 200 establecimientos de comida rápida de California desde marzo del 2020. Su valentía subraya lo esencial que son los trabajadores de comida rápida y que tengan una voz significativa en el trabajo y puedan exigir justicia y estándares justos en las condiciones salariales y laborales en toda su industria.

Hacer que las corporaciones de comida rápida rindan cuentas es fundamental para poder garantizar que los trabajadores sean tratados con justicia y dignidad.

medio millón de trabajadores esenciales alimentando nuestras comunidades.

En todo California, 550,000 trabajadores de comida rápida atienden a más de 10 millones de clientes todos los días. Estos trabajadores de primera línea son predominantemente mujeres, afroamericanos y latinos. Muchos de ellos son madres y padres solteros que intentan mantener a sus familias, pero ganan menos de $ 28,000 al año en promedio y regularmente se les niegan los beneficios como tiempo pagado para cubrir enfermedades. Todos los trabajadores merecen ser tratados de manera justa en cualquier circunstancia, pero durante una pandemia mundial, esta violación de los derechos básicos de los trabajadores es simplemente una vergüenza.

AL FRENTE DURANTE LA PANDEMIA DEL COVID-19

La crisis ha resaltado lo que ya sabíamos que era cierto desde el principio: que los trabajadores de la industria de comida rápida son esenciales, pero los tratan como si fueran prescindibles. A medida que las órdenes de confinamiento en casa entraron en vigencia en todo el estado, los trabajadores de comida rápida permanecieron en la primera línea para mantener alimentadas a nuestras comunidades, incluso cuando esto los puso en riesgo de contraer COVID-19. En el punto mas crucial de la pandemia, se ha presionado a los trabajadores para que trabajen mientras están enfermos, se les ha despedido por pedir no ir a trabajar cuando se han enfermado, se les ha prohibido la paga por enfermedad a la que tienen derecho legalmente y se les ha negado el equipo de protección personal que les prometieron sus empleadores.

Con demasiada frecuencia, se ha olvidado a los trabajadores de la comida rápida en las historias sobre trabajadores esenciales y han sido tratados como si no importaran por las cadenas y franquicias para las que trabajan. Les han dado pañales para perros para que los usen como máscaras y se les ha expuesto a los ataques diarios de insultos raciales, simplemente por tratar de protegerse a sí mismos, a sus compañeros de trabajo y a sus comunidades.

EL RACISMO Y LA BIGOTRÍA SE PROPAGAN EN LA INDUSTRIA DE LA ALIMENTACIÓN RÁPIDA

Los empleadores de comida rápida someten habitualmente a sus trabajadores de primera línea al racismo, la intolerancia y la discriminación. La fuerza laboral de la comida rápida es predominantemente gente de color, pero los insultos raciales son algo común. Y la discriminación no se detiene con los trabajadores. Los propietarios de franquicias de McDonald’s han presentado demandas contra la corporación alegando que la “discriminación racial sistemática y encubierta” ha mantenido a los propietarios de franquicia afroamericanos en un estándar diferente y les ha ofrecido “menos oportunidades de crecimiento” que sus contrapartes caucásicas.

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Durante casi una década, los trabajadores de la comida rápida han luchado por un salario mínimo de $15 y un sindicato. En una industria plagada de robos de salarios, racismo, acoso sexual y violencia en el lugar de trabajo, donde si uno se enferma, es motivo de represalias y alzar la voz puede hacer que te despidan; estos trabajadores han tenido las agallas para hablar, organizarse y luchar por el cambio.

Han presentado decenas de quejas ante los departamentos de salud del condado y Cal/ OSHA y se han declarado en huelga en más de 200 establecimientos de comida rápida de California desde marzo del 2020. Su valentía subraya lo esencial que son los trabajadores de comida rápida y que tengan una voz significativa en el trabajo y puedan exigir justicia y estándares justos en las condiciones salariales y laborales en toda su industria.

Hacer que las corporaciones de comida rápida rindan cuentas es fundamental para poder garantizar que los trabajadores sean tratados con justicia y dignidad.

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